martes, enero 09, 2007

Primer día de facultad

Sí, primer día de facultad después de vacaciones, porque ayer me quedé en casa haciendo un trabajillo. Ah... que cosas, de nuevo a la rutina. Y la cuesta de la facultad sigue siendo tan dura como siempre... llego arriba casi muerta y sin respiración, pero lo peor es pasar por la puerta de la entrada, donde la gente sale a fumar. Entonces sí que me quedo sin aire.
La facultad no ha cambiado nada, sigue igual de fea. Creo que ni siquiera Papa Noél o los Reyes Magos la han tenido en consideración estas Navidades. Y en las aulas sigue haciendo el mismo calor asfixiante. Así que si ya de por sí llego sin resuello por culpa de la maldita cuesta y con las mejillas sonrosadas, el golpe de calor hace que me ponga roja como un tomate, lo que me obliga a mantener la cabeza gacha durante unos veinte minutos o más hasta que empiezo a sentir que se me van los colores. Que vergüenza me da.
Y ahora, toca empezar a estudiar. Los exámenes de Febrero están a la vuelta de la esquina. No me asustan, yo siempre me he tomado este asunto del estudio y los exámenes con mucha (tal vez demasiada) tranquilidad. Aunque debo admitir que esto de los exámenes universitarios me intimida un poco, ¿será por el nombre? Me he propuesto ver una película en inglés día sí día no, y entre medias, empezar a leer un libro llamado "Practical English Usage", a ver si me sirve de algo; espero no dejar el proyecto solo en el intento. Por hoy empezaré con la película de Piratas del Caribe 2. La uno me la sé casi de memoria, así que verla en inglés no tendría mucho sentido, deduciría el sentido sin tener que esforzarme en comprender.
Deseadme suerte!! ^---^

lunes, enero 08, 2007

Pensamientos del 7 de enero

Nada más salir de casa, el aire olía..., de forma especial. Olía como varios años atrás, como en esos días en los que solía esperar al amor, con esa rara sensación en el estómago que se siente cundo subes a una montaña rusa. Era ese olor, imposible de confundir. Y he sentido nostalgia al recordar como se siente uno mientras espera la llegada del amor, lleno de impaciencia y anhelo.
Mientras esperaba a que llegase el autobús, me he acordado de Álvaro. Me he preguntado si aquellos que mueren son capaces de vernos desde las alturas. Por un fugaz instante me he sentido vulnerable, con miedo de ver mi intimidad y mis secretos como objeto de burla y entretenimiento, sometidos a un escrutinio casi divino. Pero me he tranquilizado rápidamente al pensar, que aunque mi amigo pudiera verme desde allí, seguramente preferiría centrar su atención en muchas personas antes que en mí.
Ya en el autobús, me he fijado con atención en el barrio de Juan, uno de los peores de la ciudad. A Juan no le gusta vivir allí, tal vez por eso siempre es muy cauteloso al moverse, no solo por esas calles, sino por todas en general. Creo que para él esa cautela es algo innato, una cualidad que ha desarrollado con el fin de sobrevivir. Reflexionando sobre todo eso me he dado cuenta de que Juan es mucho más fuerte de lo que aparenta ser. La gente, a primera vista, no lo toma en serio. Sin embargo el puede presumir de haber vencido a la muerte, y de hecho, lo hace amenudo.
Comparada con él, y no solo con él, yo soy mucho menos valiente. Tengo mucho miedo al dolor. Muchas veces me pregunto si soy una cobarde, o hasta que punto puedo ser valiente; me gustaría saberlo.
Al bajar ya del autobús, mi mp3 hace que suene en mis oídos The Garden of Everything. La canción perfecta para acompañar a mis pensamientos, ¿casualidad? No lo sé. Me ha dado por mirar al cielo y he visto dos aviones, yendo en direcciones opuestas, dejando tras de sí una estela blanca que empezaba a desvanecerse. El aire seguía oliendo bien, pero ya no como antes. Era una tarde perfecta para pasear. Y mientras apuraba mis últimos pasos antes de llegar a mi destino, recordé el día en que Pía se marchó, de cuando fui a despedirla al aeropuerto, un recuerdo lleno de polvo en un rincón de mi memoria. Me acordé de la carta que le di, en cartulina negra y escrita con bolígrafo plateado...
Era un día, no solo perfecto, sino único, para pasear.

domingo, enero 07, 2007

Buen viaje, viejo amigo

Hoy te perdono todas tus ofensas. Eras un buen chico, a pesar de tus bromas pesadas. Tú y yo nunca nos llevamos bien, pero cuando me he enterado de tu viaje al otro mundo, lo he lamentado. Me he acordado de ti, y lo he hecho con cariño. Al fin y al cabo, han sido muchos años juntos, ocho sino me equivoco al contar.
No tengo más que decirte. Buena suerte, vayas a donde vayas, espero que sea lo que sea que hay detrás de la muerte, sea bueno para ti.
Hasta la otra vida, amigo.